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Los juegos y las artes marciales

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Los juegos y las artes marciales

por Kenji Tokitsu

Kenji TokitsuIntroducción

Los niños se divierten jugando a diferentes juegos de combate. La mayoría de los maestros japoneses de sable, de kendo o de kenjutsu, se iniciaron en su disciplina durante su primera juventud a partir del juego de sable que se llama en japonés “chambara”. De hecho, las artes marciales podían así constituir modelos de juego. Como ha dicho un eminente maestro del kendo moderno: «Lo que más me divierte es el combate de kendo.»

Así, entre el juego y el arte marcial, no es fácil trazar una línea de demarcación nítida. En todo caso, se encuentran modelos de juego en la primera práctica de cualquier deporte o arte marcial.  Luego, con el tiempo, los juegos se transforman en deportes de lucha, en artes marciales o en budo. ¿Pero cuáles son las diferencias entre los juegos o disciplinas deportivas de combate por una parte, y el budo por otra? ¿Cómo se forma esta evolución cualitativa?

 

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Ética y deportes de combate

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Ética y deportes de combate

 

Texto escrito por Kenji Tokitsu


El XIº Coloquio Internacional JORRESCAM se celebró el 16 de marzo de 2012 en la Universidad Toulouse 1 Capitol, con el tema general de: «Ética y deportes de combate».
En esta ocasión, di una conferencia que podría interesar a mis alumnos.
Por tanto, pongo el contenido de la conferencia a su disposición en mi crónica de este mes


¿La ética en los juegos deportivos o en las artes marciales?


Creo que debemos abordar el concepto de la ética en los deportes de combate y en las artes marciales desde dos ángulos diferentes: el ritual y la conciencia en función del nivel de práctica alcanzado por cada uno.

Aunque la práctica de la ética implica un aspecto ritual uniforme, la conciencia de la ética varía según el grado de progresión de la persona. Un principiante aprenderá la ética bajo la forma de rituales o de normas asociados a la disciplina. A medida de que progresa, su conciencia de la ética sobrepasará naturalmente el marco formal del ritual y de las reglas. Para un experto, esta ética debería ser indisociable de su manera de vivir. Es sólo a este nivel que podemos hablar de filosofía en las artes marciales.

En este sentido, me parece que sería un error hablar de la ética en arte marcial como si se tratara esencialmente de una normativa uniforme, puesto que la ética ya implica un cambio cualitativo según el nivel de la persona. Aunque el marco de la ética sigue siendo el mismo, la conciencia que uno tenga de la ética cambiará en función de su visión de la práctica, a medida de que vaya progresando. Esto puede ser comparable a la ascensión de una montaña por un alpinista.

Me explico.


Si haces la ascensión al Mont Blanc, tu visión irá cambiando con la altitud. La vista que tenías de la cumbre cuando estabas al pie de la montaña ya no tiene nada que ver con la que disfrutas al llegar arriba. Por supuesto que eres la misma persona, pero ya tienes una visión totalmente diferente de la que disfrutabas cuando estabas abajo.

Si no hay ascensión, no hay alpinismo. Igualmente, si no hay progreso, no tiene sentido hablar de la práctica de un arte marcial que emplee el sufijo -do, o vía. En él, el concepto de cambio en la práctica queda claramente expresado. Al avanzar por la vía, tu visión cambiará. Si no cambia, significa que no ha habido progreso en la vía, sino sólo la práctica de un sistema.

Cada disciplina tiene su particularidad aunque apunte en una dirección similar. Hablando con rigor, la ética en su forma ritual es propia de cada disciplina y se aplica al conjunto de los practicantes. En efecto, la particularidad existe en cada disciplina, sea el kendo, el kárate-do, el iai-do, el aiki-do, el judo, el sumo (do)... Constituye tanto la manera de prepararse para afrontar el combate, como la manera de practicar las técnicas y la forma de respetar al adversario.

Si los marcos rituales de la ética se imponen de manera casi uniforme para todos los que se entregan a una disciplina, la ética en las artes marciales implica otro aspecto que debe constituirse y consolidarse con la evolución de la persona en el curso de su progresión técnica. Porque la progresión técnica implica la evolución de la persona de manera ascendente, por poco que practiquemos y nos inspiremos según el concepto de do, o vía. Porque la vía es el trayecto por donde uno camina y avanza; implica una evolución. En la vía, la visión del principiante no debe ser la misma que la del experto, aunque el marco de la ética sigue siendo el mismo.

Creo que a menudo se olvida este aspecto evolutivo de la ética cuando se habla de temas éticos en las artes marciales.

Me gustaría que reflexionáramos sobre esto a partir de unos ejemplos del aspecto práctico de los deportes de combate y de las artes marciales.

Para ser preciso, me basaré en las disciplinas del origen de las artes marciales japonesas. No citaré ni los nombres de los protagonistas ni el año de los acontecimientos que me han inspirado esta reflexión.

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Durante el final de un combate Olímpico de judo, un judoka japonés se lesionó el tobillo. A pesar de ello y de la cojera resultante, combatió valientemente y acabó llevándose la victoria. Fue un espectáculo emocionante. Todo el mundo lo felicitó por su coraje y por sus cualidades de combatiente. Su adversario desapareció de la escena. Obviamente, nadie le dio la enhorabuena, porque perdió contra un adversario lesionado. En cuanto el vencedor japonés se coloca bajo los focos, su adversario se aparta hacia la sombra. Es fácil comprender la razón.

Sin embargo, si examinamos esta situación de combate desde un ángulo diferente, el perdedor habría podido combatir utilizando técnicas de barrido, que son autorizadas en el marco de las técnicas deportivas gobernadas por reglas. Pero, de haberlo hecho, sin duda le habría agravado la lesión al adversario. Sin embargo, habría podido conducir el combate de modo provechoso para él y muy probablemente habría sido el vencedor. Pero no lo hizo y perdió.

Si el japonés tenía una desventaja a causa de su lesión, su adversario también sufrió un handicap al someterse voluntariamente a una restricción moral importante, porque al estar lesionado su adversario, no quiso lesionarle más y prefirió no sacar provecho de una técnica que le habría permitido ganar. De algún modo, podemos decir que aceptó asumir este handicap moral. Porque un combatiente cualificado debe espontáneamente encontrar el punto débil de su adversario. Si sigue la lógica del combate, debería poder aprovecharlo para aumentar su ventaja, lo que va en contra de su ética. Al prohibirse a sí mismo el derecho de beneficiarse de semejante ventaja, asumió voluntariamente un handicap que lo condujo a la derrota. Personalmente, creo que éste es el combatiente que merecía los elogios.

Una pregunta se impone: ¿qué lugar ha de ocupar la ética en las reglas deportivas?

 

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He aquí el segundo ejemplo.

Me inicié en el kendo a la edad de 10 años en Japón, y dejé de practicarlo al cabo de un año. Hace unos veinte años, reanudé el entrenamiento del kendo en Francia, con un profesor francés. En aquella época, yo residía en París y el profesor se desplazaba hasta mi dojo personal para entrenarse conmigo. Después de cada entrenamiento, hablábamos mucho sobre el kendo, y aquellas ocasiones eran momentos privilegiados de lecciones de kendo para mí.

Lo que más me impactó de su enseñanza fue lo siguiente.

Un día, después del entrenamiento, mientras tomábamos el té, me dijo:

«Vi en Coubertin el combate más magnífico de mi vida. Un kendoka japonés toma la guardia alta (jodan) y empuja a su adversario con su ki, lo que le obliga a éste a retroceder. Él avanza despacio, el adversario retrocede despacio, hasta verse obligado a salir de la zona de combate. El adversario recibe una advertencia «chui». Se reanuda el combate. La misma situación se reproduce tres veces y el adversario pierde el combate por descalificación. Así, el combatiente japonés se llevó la victoria sin dar un solo golpe. Fue el combate más magnífico que jamás haya visto hasta ahora....»

Me alegré mucho de oír esta anécdota de mi profesor, y sobre todo por oírlo por parte de un francés.

El ejemplo siguiente permitirá comprender mejor esta situación.

En aquella época, continué practicando el kendo a la vez que el kárate. Leí muchos libros y artículos sobre el kendo, incluyendo el artículo siguiente.

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El tercer ejemplo.

Dos kendoka de 7º dan, A y B, combaten. El combatiente A rechaza a su adversario B con su kizémé (ofensiva del ki). Con la energía o la voluntad ofensiva de A, el combatiente B se ve obligado a retroceder hasta la pared del dojo y ya no puede retroceder más. En el ejemplo anterior, el combatiente B se había sentido obligado a salir de la zona. En el caso presente, el combatiente B no puede retroceder más. Queda inmovilizado durante un instante, que el combatiente A aprovecha para asestarle un golpe magnífico en la cabeza (men), llevándose la victoria.

Es una victoria perfecta.

Después del combate, el Maestro de los dos kendoka le dice al combatiente A:
«En el mismo momento en que tu adversario retrocedió hasta la pared, ya habías ganado el combate. Era evidente, pero a pesar de ello, le has asestado un golpe. Ha sido un golpe inútil, y además un acto de crueldad. Eso no es lo que buscamos en el kendo...»

¿Qué lecciones podemos sacar de estos tres ejemplos?

En cuanto a la ética en la práctica, los ejemplos que acabamos de ver demuestran que no podemos hablar de la ética sin tener en cuenta la conciencia relativa del nivel de práctica de la persona. La ética en artes marciales no es comparable al código de circulación que todo el mundo debe respetar por igual. La ética en arte marcial implica un nivel de progreso del practicante en la disciplina. En cierto modo, la conciencia de la ética va a la par del nivel de práctica de la persona.

No tiene sentido pedirle a un principiante, primero que comprenda y luego que vaya en el mismo sentido que lo que hemos visto en el tercer ejemplo.

Se trata de un aspecto difícil de sistematizar como normativa, lo que constituye una cierta dificultad para la practica a la manera Occidental, que tiende a querer sistematizarlo todo en forma de reglas.

Por ejemplo, en el primer caso, el que sufrió la derrota habría podido ser el vencedor combatiendo a fondo según las reglas establecidas, sin preocuparse del estado de salud de su adversario. Perdió porque había progresado lo suficiente como para darse cuenta del estado de su lesión, y su conciencia le impidió emplear actitudes técnicas que le habrían permitido ganar pero que iban en contra de su ética.

En el segundo caso, el vencedor no necesitaba dar un golpe para ganar, ya que su adversario había retrocedido fuera de la zona de combate. Los que estaban suficientemente avanzados en la práctica pudieron apreciar la calidad de este combate y pudieron decir: «¡fue un combate magnífico!»
Pero me pregunto cómo habrían reaccionado los espectadores si este tipo de combate se hubiera celebrado en un lugar donde se acude esencialmente para ver espectáculo !!! Muy probablemente, se habrían oído silbidos al no haberse visto ningún golpe.

El tercer ejemplo hace más explícita la situación y la calidad del combate gracias a las palabras del Maestro que explica por qué no había que golpear. Cuando dice «ha sido un golpe inútil, y además un acto de crueldad», expresa no sólo la calidad de combate que hay que buscar, sino la ética subyacente al kendo. Pero esta ética está lejos de ser evidente para un principiante, que debe perseverar para aprender a golpear con toda su energía.


Creo que estos tres ejemplos pueden hacernos reflexionar sobre lo que se entiende por «ética» en el arte marcial japonés. La ética en el arte marcial, pero también en el deporte de combate, no puede ser comparada con el código de circulación, porque una disciplina de combate no implica solamente unas raíces culturales; la conciencia de la ética debe también evolucionar con el nivel del practicante, como nos lo demuestran estos últimos ejemplos sobre el kendo.

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Voy a terminar con una reflexión sobre el contexto cultural de la ética.

Porque si la ética debe encontrarse en la calidad práctica del deporte de combate y de las artes marciales, también se expresa en el marco gestual, como por ejemplo en los modelos de saludo.

Sobre este punto, existe un gran malentendido en cuanto a las artes marciales de origen japonés.

Habitualmente, en los clubs serios, antes del entrenamiento, cuando el alumno más antiguo pronuncia la orden «seiza», todos se alinean frente al profesor y frente a la pared donde suele estar la foto del fundador de una escuela de kárate, de judo, o de aiki-do. Todo el mundo lo saluda al oír la orden «Shomen ni rei».

Luego, el profesor se pone frente a los alumnos y, a la orden de «Sensei ni rei», profesor y alumnos se saludan mutuamente.

Luego, a veces, a la orden de « Otagai ni rei», todos los alumnos se saludan mutuamente.
Este ritual se considera «tradicional», y por tanto los practicantes serios lo aplican como la base de su ética en artes marciales. En cierto modo, viven la autenticidad tradicional del arte marcial japonés.

Pero dicho esto, una gran parte de este ritual considerado «tradicional» no lo es de ninguna manera. Las artes marciales japonesas fueron transmitidas dentro del contexto social estricto de los samurai hasta el siglo XIX. Entonces, si hablamos del aspecto tradicional de su ética, no podemos dejar de referirnos a la cultura y a la tradición de los samurai.

Pero resulta que los samurai no practicaban este tipo de saludo.


Para abreviar e ir derecho a lo esencial, esta forma de saludo proviene del sistema militar occidental y no de la tradición japonesa.

Si los alumnos se alinean al escuchar la orden de «seiza», que es una palabra japonesa, es porque este acto es una transposición de la alineación de los soldados al oír la orden «¡A formar!». Los samurai no se alineaban de este modo ni antes, ni después de su entrenamiento de artes marciales. Se alineaban delante de su Señor, pero no para entrenar.

El saludo ante la foto del maestro fundador es una transposición del saludo militar ante la bandera nacional. Los samurai no practicaban en absoluto este tipo de saludo. Saludaban juntos a su Señor, pero el saludo a su maestro de artes marciales tenía un carácter más individual.

El modelo de acción colectiva forma parte de la eficacia militar, pero los samurai japoneses no lo aprendieron hasta muy tarde. Podemos decir que lo aprendieron para poner fin a su existencia como samurai, ya que este modelo se hizo efectivo en la época en la que la clase de los samurai fue reemplazada por la fuerza militar moderna siguiendo el modelo europeo. Estos modelos que se creen «tradicionales» fueron introducidos en Japón desde Europa en los años 1860-1870 con el sistema militar.

En los años 1850, varias cientos de escuelas de sable (kenjutsu) fueron censadas en Japón, y cada una de ellas tenía algunas particularidades en su ritual de práctica. Por tanto, sería falso pensar que el modelo de saludo que acabamos de ver fuese único en su género.

Sólo una pregunta para terminar.


¿Por qué razón debemos referirnos a la tradición cuando practicamos las artes marciales «tradicionales», cuando sabemos que su contenido y su manera de práctica han evolucionado considerablemente? Por qué no reflexionar sobre la ética a partir de la calidad y de la forma de nuestra práctica contemporánea, que tanto han evolucionado en técnica y en el fin buscado en el marco deportivo?


Continuará...



Artículos y publicaciones - Crónicas de Kenji Tokitsu

Taikiken : Sawai sensei

Taiki-ken : Sawai sensei

Sawai sensei : «¡Claro que hay que golpear a fondo!»

Nacido en 1903 en Tokio, comienza muy joven a estudiar las artes marciales. A la edad de 22 años, era ya 5º dan de judo y 4º dan en kendo y en iaido. En 1931, mientras vivía en China, fue a ver a un maestro chino, Okasai [Wang Hsiang Ch'i], combatió contra él, perdió y se hizo su discípulo. Al regresar a Japón ocho años más tarde, el Maestro Okasai le dio permiso para convertir el nombre de la escuela en Taiki-ken.

Hoy, a los 81 años, Sawai Sensei, respetado por sus pares, sigue enseñando su arte a sus alumnos y a un puñado de discípulos. Lejos de las luces de la gloria, el viejo maestro se niega a hacer concesiones. En su escuela los ataques se lanzan a fondo. En toda la vida no ha aceptado ningún contacto con la prensa. Este verano un periodista francés tuvo la amarga experiencia de verse firmemente despedido de su presencia.

Kenji Tokitsu, que nuestros lectores conocen bien ya que escribe cada mes en Bushido, consiguió reunirse con Sawai Sensei con el que habló durante cinco horas. En esta entrevista nos habla de Kenichi Sawai Sensei.

 

Entrevista de André Louka

Bushido. ¿Cómo consiguió reunirse con Sawai Sensei?

Kenji Tokitsu. Fue a través de un amigo que practica las artes marciales en la misma escuela que yo cuando voy al Japón. Sawai Sensei pensaba concederme una entrevista de sólo una hora, pero de hecho, llevado por la pasión de hablarme de su arte, se quedó hablando durante cinco horas.

 

B. Creo que no quiere mucho a los periodistas.

K.T. No, no mucho. A propósito, me contó la visita que le hizo este verano un periodista francés enviado por una revista especializada para pedirle una entrevista y unas fotos. No sé lo que pasó pero le respondió palabra por palabra que no practicaba un arte para complacer a los periodistas y todavía menos para responder al interés de uno de ellos, y por tanto que no veía por qué debía concederle una entrevista.

Hay que precisar que siente cierta reticencia frente a los occidentales porque una vez, en el pasado, recibió en clase a algunos de ellos y se dejó fotografiar, pero que le había chocado profundamente leer en las revistas que dichos occidentales eran sus discípulos. Su actitud se comprende si sabes que entre sus alumnos sólo hay dos o tres que pueden ostentar este título.

 

 

Las ilusiones perdidas

B. ¿Habló de su vida?

K.T. Sí pero sobre todo de su práctica y de su aprendizaje en China. Cuando se marchó a ese país, debía ser ya 5º dan de judo, 4º dan de kendo y de Iaido. Era todavía joven ya que tenía apenas 28 años. Pero debió trabajar mucho para haber alcanzado el nivel que tenía. Se había impuesto un entrenamiento extremadamente duro porque se había fijado como objetivo el sobrepasar ciertos límites. Para ello había hecho una especie de voto o promesa. Ya no tomaba baños calientes; se lavaba con un poco de agua fría. Este entrenamiento tuvo consecuencias para su salud ya que se quedó completamente calvo.

En China conoció a un maestro chino, Okosai.

B. Es sin duda la pronunciación de Wang Hsiang Ch'i. Por otra parte habla de eso en su libro. Él lo describe como un «hombre de tamaño pequeño con andares de pato». ¿Cómo conoció a este maestro chino?

K.T. Antes había conocido de un practicante de artes marciales chinas con quien trabajaba. Un día, Sawai Sensei le alabó su técnica, a lo que aquel respondió «y todavía no he utilizado las técnicas de golpe al contentarme en luchar contra usted. Mi maestro es todavía mejor que yo». Entonces Sawai Sensei quiso que le presentaran a este hombre.

 

B. Cuenta en su libro que el maestro Okosai –vamos a adoptar la pronunciación japonesa– era un hombre que tenía la costumbre de ignorar a los que venían a verle para aprender con él. No les decía nada. A ellos no les quedaba más remedio que observarlo para tratar de imitar sus técnicas.

K.T. En efecto, cuando Sawai Sensei conoció al maestro Okosai, éste se negó a tomarlo como alumno. Pero acabó por aceptarlo porque, según Sawai Sensei, tenía mucho interés en saber más sobre las artes marciales japonesas y creía que aceptándole a él, podría enterarse un poco. Al llegar a China, Sawai Sensei tenía una gran confianza en su técnica de combate. Por fin llegó el día en que pudo medirse con Okosai. Me contó que cada vez que intentaba lanzar un ataque, era como aspirado por el maestro chino, quien en cambio le daba un pequeño golpe. Se dio cuenta de modo innegable de la superioridad de Okosai.

 

B. En su libro cuenta que trató de utilizar sus conocimientos de judo sin gran éxito. Escribe lo siguiente:

«Yo era 5º dan de judo y tenía una gran confianza en el valor de mis técnicas de combate. Cuando tuve mi primera ocasión de medirme en combate contra Wang, le tomé el brazo derecho... En seguida me sentí proyectado por el aire. Me decidí entonces a agarrarlo. Le cogí el brazo izquierdo y el revés derecho de su traje con el fin de intentar meter los ataques que conocía, pensando que aunque el primero fracasara, le llevaría al suelo para estrangularle. Pero cada vez que me echaba sobre él, Wang tomaba el control absoluto de mi brazo y yo salía disparado. Cada vez que trataba de dominarlo, me proyectaba hacia atrás y me daba un pequeño golpe en el pecho justo encima del corazón. Sentía un dolor extraño y terrorífico... ».

 

¿Sabe Ud. qué disciplina practicaba el maestro Okosai?

K.T. El Tai sei ken, pronunciado a la japonesa. O sea, es el Hsing I.

 

B. ¿Sabe si todavía queda vivo algún discípulo del maestro?

K.T. Sawai Sensei habló de un hombre que debe tener unos diez años menos que él, pero que comenzó antes que él a practicar con el maestro Okosai. Él lo considera como su superior. Va a invitarlo a venir a Japón el año próximo para dirigir unos cursos.

 

B. ¿Cuánto tiempo permaneció en China?

K.T. Creo que trabajó allí durante siete años. Pero es sólo una vez de vuelta en Japón que afirma haber captado el chi. ¡En el transcurso de un combate precisamente!

 

Un maestro poco conocido

B. ¿Cómo se explica que sólo unos grandes expertos, digamos los que cuentan con cierta experiencia en las artes marciales, conozcan a Sawai Sensei, mientras que los demás no parecen conocer su nombre?

K.T. El hecho de que Sawai Sensei no sea muy conocido en Japón, excepto entre un círculo de grandes expertos, se explica fácilmente. Primero, al contrario de lo que se tiende a pensar fuera de Japón, sólo un porcentaje muy pequeño de japoneses practica el kárate. El universo de las artes marciales es un universo pequeño y cerrado.

Desde el exterior no se sabe lo que pasa allá. Incluso los que están dentro de ese universo, para que conozcan a Sawai Sensei, tienen que haber sobrepasado un determinado estadio de trabajo para poder apreciar el trayecto de este maestro. En efecto, supone que se haya reflexionado sobre el kárate, es decir que se haya practicado un cierto tiempo, para poder cuestionar ciertas cosas y de ahí interesarse por un camino crítico con respecto a su propio arte, el kárate en este caso. Es por eso que poca gente le conoce. Que él sea apreciado por los grandes expertos se explica sin duda por su crítica de las artes marciales contemporáneas, en particular en su aspecto de combate libre, tal y como lo conocemos.

 

B. ¿En qué consiste su crítica?

K.T. Considera en efecto que la costumbre que consiste en controlar los ataques crea una situación artificial y, desde luego, falsa del combate. Supongamos, dice él, que yo bloqueo un ataque “jodan”. Esta parada se ha hecho en realidad contra un ataque que de todos modos está controlado.

Yo tengo la impresión de haber tenido éxito con mi técnica aunque el ataque, en muchos casos, ya se estaba controlado o parado. Es decir, uno corre el riesgo de caer en la autosatisfacción por una cosa completamente ilusoria. Esta crítica de Sawai Sensei marcó su época; tuvo gran influencia en la corriente del Maestro Oyama. Sabemos que en Kyukushinkai, todos los ataques se lanzan a fondo salvo el golpe de puño a la cara, que está prohibido. Además, Sawai Sensei critica esta última regla también. Para él, no tenía que haber ninguna prohibición.

B. ¿En la escuela de Sawai Sensei se golpea con intención de hacer daño?

K.T. Le hice esta pregunta, y me respondió: « ¡Claro que sí! El no golpear no tiene ningún sentido en el marco de un arte marcial. Está rayando en hacer un trabajo inútil. Los golpes deben ser lanzados a fondo, sin ser controlados!».

 

El bautismo

B. Pero entonces en sus clases debe haber muchos heridos, ¿no?

K.T. Él dice que a veces hay narices rotas o fisuras de costillas. Pero él piensa que no importa. Mi amigo Takaouchi me ha dicho que sus clases eran bastante sangrientas.

 

B. ¿Qué tal lo llevan los recién llegados a su escuela?

K.T. Sawai Sensei tiene un método muy simple para seleccionarlos. El nuevo debe dar pruebas de sus capacidades como combatiente. Le hace combatir con sus alumnos hasta que esté magullado de golpes. Es un combate sin límites y los golpes deben llover incluso cuando el otro está en el suelo. Combate sin límites. Sawai Sensei sabe muy bien que si el nuevo gana uno o dos asaltos, seguro que llegará uno que perderá. Es raro que un chico nuevo se quede.

 

B. ¿Qué opina usted de ello?

K.T. No estoy completamente de acuerdo con Sawai Sensei cuando dice que recibir golpes no es importante. Eso marca a la fuerza. Comprendo el principio de su enfoque, cuando afirma que el trabajo con control ha creado una situación artificial.

Hay que observar que los nuevos que vienen a su clase no saben que los golpes que reciben son lanzados a fondo mientras que los que dan son controlados. Para cuando se den cuenta, ¡menudos golpes que han recibido!

B. Es interesante observar que en la cuestión de control, Sawai Sensei adopta la postura opuesta a los que, en Occidente, critican el control. En Occidente se afirma que el que controla sus ataques, crea tal costumbre que ya no es capaz de atacar de verdad llegado el momento. Creo a propósito de eso que los Occidentales confunden «controlar la fuerza hasta retenerla» con «controlar la distancia de ataque». En cuanto a esto Sawai Sensei se pone del lado del que recibe el ataque.

K.T. Efectivamente. Lo que usted dice sobre el control es verdad. Comparto su opinión. Se confunde el control de la distancia con el bloqueo del cuerpo. El control es más flexible. En cuanto a la posición de Sawai Sensei, pienso que se sitúa en un plano dialéctico. Para desarrollar la parada hay que desarrollar necesariamente el ataque. Al hacerlo, se mejora la percepción del combate.

 

Respetado por sus pares

B. En su opinión ¿por qué los expertos consideran a Sawai Sensei como un luchador famoso?

K.T. Cuando volvió de China, hizo numerosos combates con karatekas. Hay que saber que el nivel del combate libre de los karatekas después de la guerra no era muy alto. La guerra les había inculcado un espíritu formidable pero en el plano técnico no tenían mucho nivel. No hay que olvidar que el asalto libre no fue desarrollado hasta los años 50. Entonces es normal que Sawai Sensei, que volvía de China con un refinado repertorio técnico, llamara la atención. Pero creo que si Sawai Sensei es respetado por sus pares es porque, en la sociedad de confort en la que vivimos, lo que no puede dejar de influir en el modo de entrenarse y por tanto de combatir, es notable que un maestro continúe marcando su práctica y su enseñanza de un espíritu marcial evidente.

Su crítica de las artes marciales actuales es tanto más preocupante para aquellos que se ejercen en una práctica “blanda”.

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El segundo capital corporal

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El segundo capital corporal

por Kenji Tokitsu

 

Cada ser humano vive con la energía vital que adquirió al nacer. En el curso de su vida, la va utilizando poco a poco como una vela encendida que se consume lenta pero inexorablemente.  Cuando está totalmente agotada, la vela se extingue.  Ello corresponde al primer capital vital o corporal.
Los deportistas de alto nivel son generalmente ricos en lo que respecta a este capital primario. Pero este capital se agota con el tiempo, y con la edad.
En los deportes que requieren esfuerzos “explosivos” como el boxeo, el rugby, los cien metros…, los atletas alcanzan muy pronto su apogeo. Luego entran en el periodo de descenso. La caída se manifiesta progresivamente o de un modo radical. Es la edad crítica de la práctica.
En el karate dónde la eficacia no reposa únicamente sobre la fuerza física, sino también en las sutilezas técnicas, la disminución de este capital sucede alrededor de los cuarenta años. Algunos emprenden entonces su retirada. Y otros consiguen, si no están demasiado “cascados” , retardar la retirada gracias a las sutilidades técnicas adquiridas en el curso de su carrera.


Oscar Gutierren en la práctica de ritsuzenLos profesores de karate o aquellos de disciplinas afines, conocen muy bien este fenómeno, ya que abundan los ejemplos al respecto.
Frente a esta situación al parecer “inevitable”, el método de las artes marciales tradicionales ha propuesto, desde hace más de dos mil años según los documentos escritos, otra posibilidad al incorporar en su práctica específica los métodos energéticos. Ello permite, según mi expresión personal, la posibilidad de formar el segundo capital corporal.

 

El método clásico del arte marcial como el Zhànzhuang (Ritsu Zen) constituye un ejemplo concreto; su aspecto esencial se encuentra también en otros métodos. No se trata en ningún caso de un bricolaje, sino de un método elaborado que ha sido aplicado, examinado y corregido en el curso de la historia.
Debemos remarcar que el arte marcial clásico se fundamenta sobre la base del segundo capital corporal. Nuestros predecesores comprendieron que el arte marcial únicamente será eficaz si partimos de esta base.
Es un punto a recordar, ya que existe una confusión entre los bricolages que encontramos en las artes marciales modernas y los métodos que tienen raíces en la historia.


El método para adquirir el segundo capital corporal ha sido transmitido siempre en marcos cerrados y secretos- como por ejemplo el método del Zhánzhuang (Ritsu Zen) y no es el único.  En los años veinte Wang Xiangzhai mostró abiertamente este método fundando el Yi chuan (boxeo de la intención). Hasta entonces este método había sido transmitido en grupos muy restringidos, incluso secretamente.

En efecto, el arte marcial digno de este nombre, es demasiado importante como para que un hombre, cualesquiera que sean sus cualidades, pueda comprenderlo y dominarlo en su totalidad antes de llegar a los cuarenta años. Es la edad que para muchos adeptos corresponde al comienzo de un segundo periodo de ascensión.Sin embargo, para la mayor parte de las prácticas deportivas, la cuarentena corresponde desgraciadamente al período en el que el primer capital corporal ha disminuido ya considerablemente o bien se ha agotado. A ello hay que añadir además la existencia casi general de traumatismos diversos: dolores de espalda, problemas articulares…


Esta es la razón por la cual se nos presenta la necesidad de constituir el segundo capital corporal a fin de explorar la vía del arte marcial más allá del periodo de la edad sensible. No se trata de compensar el descenso de la fuerza física mediante las sutilezas técnicas, si no de explorar, encontrar y volverse capaz de utilizar el segundo capital corporal con el cual podréis construir técnicas superiores.
Para ello, una práctica simple no es suficiente. Porque tarde o temprano alcanzaréis la edad dónde ya no tendréis los medios para realizar esfuerzos físicos desmesurados. Si algunos karatekas serios mayores de cincuenta años tienen problemas físicos, no es por que hayan carecido de coraje o voluntad. Al contrario, han sido tan voluntariosos y encorajinados que han llegado a crear toda una serie de secuelas. Lo único que les faltaba era simplemente el método.

El método es como un mapa que puede conducirnos al emplazamiento de un tesoro. Sin el mapa nos sería imposible alcanzar ese tesoro. Pero, incluso si lo encontramos, si no tenemos la voluntad y el valor de cargarlo sobre nuestros hombros para llevárnoslo a casa, no nos será de ninguna utilidad.
Esta parábola ilustra la necesidad de practicar con método, con el método.

Wang XiangzhaiHe aquí las palabras de Wang Xhiangzhai: “Has practicado un arte marcial durante varios decenios. Si descubres el método del Zhanzhuang (Ritsu Zen), podrás tirar sin ningún remordimiento todo lo que has aprendido por el desagüe, como si fueran un viejo par de botas usadas”.
Según el método del yi chuan, las técnicas formadas a través del primer capital corporal son insignificantes o ridículas. Es preciso que las técnicas se construyan a partir del Zhengti (integración global del cuerpo), el cual corresponde al segundo capital corporal. Puesto que el primer capital corporal únicamente puede producir una fuerza parcial que es considerada como “fuerza turbia”.
Según este método, las técnicas sólo son eficaces si son producidas a partir del Zhengti (cuerpo integrado) correspondiente al segundo capital corporal. La fuerza explosiva (Fali) sólo puede ser realizada a través del mismo.
Es por ello que en la enseñanza clásica se dice: “No te muevas hasta que no hayas conseguido integrar la totalidad del cuerpo”. Aquí: “No te muevas”, significa “ejercítate en el Zhanzhuang (Ritsu Zen) con el cual formarás el cuerpo “marcial” : el Zhengti (cuerpo integrado) que es el segundo capital corporal.


Paralelamente a la búsqueda de eficacia en el arte marcial mediante el Zhengti (cuerpo integrado), se ha demostrado que el ejercicio del Zhanzhuang (Ritsu Zen) es altamente positivo para la salud y el fortalecimiento del cuerpo. Este ejercicio se asocia a diferentes ejercicios energéticos y de salud.

La cita de Wang Xiangzhai indica la  importancia del método en el arte marcial y, al mismo tiempo, la dificultad para comprender su importancia. Practicar simplemente no significará gran cosa si no se hace con el método justo. Y éste no es fácil de adquirir, ya que es sólo una guía que os conduce hasta un tesoro que está oculto. Felices aquellos que han tenido la suerte de poder conocerlo.  




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Reflexiones sobre el método de artes marciales XI

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Reflexiones sobre el método de artes marciales XI

Texto escrito por Kenji Tokitsu

 

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En las ciudades importantes del Japón de la época Edo (1603-1867) existían numerosos dojos de kenjutsu (el arte del sable). A finales de esa época, se censaron más de setecientas escuelas de kenjutsu en Japón. Una escuela también podía tener sucursales, dando lugar a un número considerable de dojos.

Cuando un dojo daba a un camino o una calle, tenía las ventanas en lo alto de la pared para que los transeúntes no pudieran ver lo que pasaba en el interior. Así, los entrenamientos se hacían al abrigo de las miradas.

En aquella época, ver un entrenamiento equivalía a asistir a clase. Había que contar con permiso para ver, pero en ese caso, sólo se podía hacer después de haberse incorporado a la escuela.

En la historia de las artes marciales, podemos encontrar varios ejemplos similares; en jûjutsu, en taichi-chuan y otras corrientes de boxeo chino, en el kárate de Okinawa...

La situación era muy diferente de las costumbres de nuestra época, en la que frecuentemente oímos: « No quiero asistir a clase, sólo quiero mirar. » Porque mirar parece no tener importancia, y según muchos, debería ser gratuito.

Siin embargo, hay que saber que una vez que pidas observar una clase, estás pidiendo hacerte alumno. Dicho esto, está claro que puede haber entrenamientos y clases sin importancia en las que no hay nada que esconder...

Pero lo esencial de las artes marciales no puede transmitirse únicamente por mensajes visibles; existen también unas sutilezas en los aspectos técnicos y energéticos que requieren una comunicación particular. Son mensajes no verbales y poco visibles.

Las técnicas de las artes marciales implican conocimientos particulares que hayan sido ensayados y mejorados por experiencias, para luego ser elaborados y transmitidos en el curso del tiempo. Si una técnica es eficaz, o mucho más eficaz que por la simple activación ordinaria o acostumbrada del cuerpo humano, significa forzosamente que hay en juego un saber particular. Implicaría más que un conjunto de acciones aplicadas y ejecutadas a partir de la lógica ordinaria. Necesariamente debe haber un conocimiento sutil elaborado.

Un maestro del jûjutsu a quien ya he citado dijo:
« Si realmente quieres progresar, debes reflexionar continuamente. Pero, que sepas que no está garantizado que vas a encontrar las sutilezas esenciales del arte, aunque seas muy inteligente.
Si sólo posees una inteligencia ordinaria, no tienes ninguna posibilidad. No es para los que sólo saben confundir la eficacia con la brutalidad... »


Si una técnica se formase sólo por gestos corporales, bastaría con copiar bien estos gestos para aprenderlos. Pero una técnica debe implicar también la manera de sentir el cuerpo y su espacio cercano (comprendiendo también el del adversario), de desarrollar sensaciones particulares, de activar partes internas del cuerpo que estamos poco acostumbrados a mover, pero también de ver y de sentir al adversario... No podríamos comprender todas estas sutilezas observando únicamente el aspecto externo de los movimientos del cuerpo.

Porque en realidad, un gesto digno de ser llamado una técnica incorpora numerosas sutilezas, que son la fuente de su eficacia. Aunque empieces copiando los gestos que ves, debes también aprender, a partir de un cierto grado de progreso en la práctica, a completarlos integrando el conjunto de sensibilidades que dan vida a la técnica. La técnica no es un simple conjunto de gestos.

Por tanto, en una técnica válida, hay una parte visible formada por los gestos, pero también una parte no visible compuesta de las sutilezas de la técnica. En la transmisión, la parte no visible de la técnica requiere una explicación complementaria que normalmente se hace de forma oral. A partir de un cierto nivel, dichas explicaciones serán esenciales para el aprendizaje de una técnica viva. Porque la realización de la eficacia depende del grado de comprensión del conjunto de las sutilezas gestuales y energéticas.

El ejemplo flagrante se encuentra en el concepto del principio del aïki, en el que se basan el aïki-do y ciertas corrientes del jûjutsu.

Una demostración de aïki-do es espectacular y hasta estética. ¿Cómo es posible proyectar a un adversario de manera tan fácil y elegante? En la mayoría de los casos, son ejercicios efectuados con la complicidad de los adversarios. El atacante se deja proyectar tal y como se ha convenido antes, ya que se trata de un ejercicio que se debe efectuar de este modo. Si un adversario de un nivel importante atacara realmente con determinación, pocos aïkidokas podrían hacer frente de manera tan eficaz como en el momento de una demostración de aïki-do.
Digo bien « pocos », y no « todos ».

Porque parecen existir unos pocos maestros que sí son capaces de ello. La técnica del aïki consiste principalmente en anular la fuerza del adversario. Si puedes anular la fuerza de ataque del adversario, como si borrases los trazos negros del lápiz con una goma, podrías dominar efectivamente al adversario como vemos en las demostraciones. Si no tienes esta capacidad, hay que tener un compañero cómplice, que es lo que pasa en la mayoría de los casos.

Una pregunta se impone. ¿Es realmente posible anular la fuerza del adversario sin apenas tocarlo? Si la respuesta es que « no », la mayoría de las demostraciones del aïki serán el resultado de una complicidad entre los adversarios. Si la respuesta es que « sí », esa técnica rozaría, sin duda alguna, el nivel supremo de las artes marciales. Y en ese caso, no podemos soslayar este fenómeno si buscamos un mejor método de artes marciales. Deberíamos entonces preguntar cómo puede ser posible. ¿Con qué lógica corporal y mental se obtiene una capacidad así? Podría ofrecernos un nuevo horizonte.

Habiendo conocido un fragmento de los fenómenos del aïki, yo sigo planteándome este género de preguntas durante mis investigaciones. Por ahora, todavía no he conseguido encontrar una respuesta satisfactoria.

En los documentos escritos, la parte esencial de una técnica es poco aparente. La escritura es importante, pero poco eficaz para explicar una acción. Si tienes alguna duda sobre ello, intenta explicar por teléfono una simple acción técnica a alguien que no la conozca. O trata, por ejemplo, de comunicar los primeros movimientos del taichi-chuan únicamente por palabras sin hacer los gestos. Si dices « subir las manos », tu interlocutor podría preguntarte: « ¿subirlas cómo? ¿de qué manera? ¿deben quedar las dos al mismo nivel? ¿a qué ángulo? ¿y subirlas con qué velocidad? » Acabarías por pensar: « las palabras no están hechas para expresar los movimientos ».

Furyû-monji

En la enseñanza zen existe el término « furyû-monji » que significa « no expresar en palabras », lo que quiere decir: « La comunicación esencial no se establece por el sistema de las palabras ». Esto nos remite al refrán « ishin-denshin » que significa « comprenderse de mente a mente ».

A veces los refranes se entienden erróneamente, como esta interpretación por ejemplo: «la palabra no es importante para la comunicación». Parece respaldar una cierta tendencia intelectual, pero creo que el verdadero sentido es otro.

Contrariamente a estas interpretaciones, dichos refranes subrayan la importancia de las palabras, hasta tal punto que no hay que abusar de ellas. Su empleo justo es especialmente importante en el ámbito de las artes... Si miles de palabras no bastan para hacerse entender, bastaría a veces con emitir un solo sonido, una sola palabra, incluso una sola mirada, si cada uno de ellos fuera empleado en el momento justo.

La situación justa es esencial para la comunicación. Aunque grites muy fuerte, el que está lejos no te oirá, ni aunque le grites en la oreja, mientras que el que está cerca de ti puede oírte aunque sólo le susurres. La distancia con relación a la fuente vocal es similar al grado de comprensión técnica según el nivel práctico de la persona. El mensaje puede ser entendido sólo por los que puedan acercarse a la distancia justa. El instante justo de comunicación se forma mediante un equilibrio entre la distancia y la fuerza vocal.

Lo mismo ocurre con la caligrafía o la pintura con tinta china. El vacío blanco del papel es tan importante como los rasgos negros formados por la tinta. La acción de trazar las líneas tiene tanta importancia como la de dejar espacios vacíos. El instante justo de la comunicación es similar a este tipo de equilibrio.

La palabra es tan importante que hay que pronunciarla con exactitud. Si se enuncia en el momento justo, lo esencial se comprende incluso sin formar una frase. Por tanto, hay que formar este espacio-tiempo de la comunicación. Es así como yo comprendo el sentido de furyû-monji.

En la tradición de las artes marciales japoneses, la enseñanza oral era tan selectiva que estaba prohibido tomar apuntes por escrito. Tales apuntes tenían que ser retenidos mentalmente. Un estudiante mediocre tomará muchas apuntes para parecer serio, mientras que el que es brillante recurrirá a ellos muy poco, ya que lo esencial quedará grabado en su cabeza... La palabra es importante, tan importante que el significado de una sola palabra emitida por el maestro puede cambiar todo el contenido de lo que aprendemos, a condición de que estemos a la distancia justa para oírla y sobre todo comprenderla.

Así, la apreciación y el grado de comprensión del arte pueden variar según el ángulo de visión percibido y sobre todo por el nivel práctico de la persona. Puedes comparar los puntos de vista siguientes.

Un periodista dijo:
« La mayoría de los espectadores de artes marciales presentes en la sala de Bercy son unos entendidos. Saben distinguir las técnicas buenas de las malas, basta con escuchar la fuerza de sus aplausos.

Un maestro de sable dijo:
« El ojo de un aficionado no puede percibir la técnica del arte. Si los aficionados aplauden al ver tu técnica, será o porque comprenden mal, o porque tu técnica es tan mediocre que hasta los aficionados pueden percibirla... »

Un investigador científico de educación física dijo:
« Reuniendo los resultados de los múltiples exámenes y análisis que hemos hecho, estaremos en condiciones de establecer una metodología aplicable a los deportistas de diferentes niveles... »

Un maestro de jûjutsu dijo :
« Aunque pudieras extender todas las teorías y los descubrimientos científicos del mundo sobre una planicie de baja altitud, nunca podrías obtener una visión del espacio abarcado desde la cumbre de una alta montaña. »

Seguimos con nuestra reflexión sobre la formación de lo que se llama el secreto, que consta de varias facetas. He aquí un análisis sucinto.

Posición de práctica

Kié y shugŷo


Frente a un saber particular, como un secreto, podemos distinguir varias actitudes. Los conceptos japoneses kié y shugŷo, términos de origen Budista, nos permitirán comprender mejor la actitud de la gente frente al saber que a veces se esconde.

Kié significa: tener fe en Buda y seguir fielmente la doctrina budista. En sentido más amplio, la palabra kié designa una cierta actitud, la de depender o llegar a ser dependiente de una enseñanza o de un dogma. Cuando se utiliza esta palabra en forma de verbo, significa adherirse a esta creencia, o hacerse dependiente de ella.

Shugŷo significa: practicar uno mismo el camino de Buda. Este concepto se ha impregnado en la práctica de las artes marciales japonesas para designar el acto de perseverar para profundizar la técnica y el espíritu.

Basada en estos conceptos, la expresión kié-ha significa la tendencia de un grupo de personas de depender de la enseñanza o del dogma establecido por el guru o el Maestro que les dirige. El sufijo “-ha” significa corriente o tendencia. Para las personas kié-ha, cualquiera que sea la escuela o corriente Budista, Buda es como el Dios del que dependen. Por extensión de este sentido, las personas kié-ha considerarán a su Maestro o Guru como un ser sagrado cuyo nivel jamás podrán alcanzar. El Maestro o el Guru es el poseedor único de la verdad. Las normas que dicta son la manifestación de su expresión de la verdad. Por tanto, estas personas son fieles a dichas normas o reglas.

Shugyo-ha designa más bien la tendencia de los que procuran formarse a sí mismos, a través de su propia práctica. Una persona shugyo-ha en Budismo intenta seguir por sí sola las trayectorias del Buda, aunque sólo avance un poco. Reconozco que me inspiré en este concepto cuando definí la actitud y la posición de mi práctica de las artes marciales como Jisei-do: la vía de formarse uno mismo a través de la práctica personal.

Para explicarme mejor, voy a referirme otra vez a la pequeña historia imaginada que presenté en la última crónica (N°10). Recordemos esta historia.

Los kié-ha

Podría seguir así:
Posees ese objeto y lo guardas como un tesoro. Todavía no conoces su composición, pero no importa ya que el objeto proviene del Maestro, quien garantiza su valor. Es pues un tesoro para ti también.
Te dirás: «Como el Maestro garantiza el valor de este objeto, tiene que ser auténtico.»

Del mismo modo, las personas kié-ha respetarán las reglas en su práctica, siempre que se refieran a las normas establecidas por el Maestro. Estas reglas les resultan indispensables, porque nunca alcanzarían el objetivo final de su práctica por sí mismas. Pero estas personas están relacionas con el objetivo porque respetan las reglas que les conectan con este fin, ya que el Maestro las ha garantizado. Participan de la verdad por “proximidad”.

Los kié-ha considerarán desde el principio que comprender la composición del objeto-tesoro está fuera de sus capacidades. Pero no necesitan comprenderla, incluso no están hechos para comprenderla. Les basta que el Maestro la comprenda y les dé su garantía al respecto. Sus palabras son la garantía del valor de su práctica. Les basta pues con seguir su enseñanza, simplemente.

Así, la persona kié-ha ve la verdad a través del Maestro. Es decir, necesita una referencia para su conducta. Entrenas en la disciplina de la escuela del Maestro como si recitaras un sutra. No necesitas conocer el sentido ni de las palabras ni de su sonido, porque el acto de recitarlas es sagrado en sí, y por tanto eficaz, ya que es el Maestro quien lo dice.

Así, al respetar las reglas, los kié-ha pueden estar en el camino correcto que les relaciona con la verdad. Aunque saben de antemano que nunca alcanzarán el fin, tienen la conciencia protegida, ya que están conectados con la verdad. Dirán: «Estoy en la vía verdadera, ya que formo parte de la corriente que conecta directamente con la enseñanza del Maestro, quien ha tocado la verdad.»

Si eres una persona kié-ha, creerás que existen secretos en la disciplina que practicas, pero que no necesitas comprenderlos. Sólo los conoce el Maestro. Como practicas el método del Maestro, practicas una verdadera disciplina. Así es cómo se sacralizan los Maestros.
Se observan actitudes similares en diferentes actividades, particularmente en el mundo de las artes marciales.

Continuará...

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