Los juegos y las artes marciales

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Los juegos y las artes marciales

por Kenji Tokitsu

Kenji TokitsuIntroducción

Los niños se divierten jugando a diferentes juegos de combate. La mayoría de los maestros japoneses de sable, de kendo o de kenjutsu, se iniciaron en su disciplina durante su primera juventud a partir del juego de sable que se llama en japonés “chambara”. De hecho, las artes marciales podían así constituir modelos de juego. Como ha dicho un eminente maestro del kendo moderno: «Lo que más me divierte es el combate de kendo.»

Así, entre el juego y el arte marcial, no es fácil trazar una línea de demarcación nítida. En todo caso, se encuentran modelos de juego en la primera práctica de cualquier deporte o arte marcial.  Luego, con el tiempo, los juegos se transforman en deportes de lucha, en artes marciales o en budo. ¿Pero cuáles son las diferencias entre los juegos o disciplinas deportivas de combate por una parte, y el budo por otra? ¿Cómo se forma esta evolución cualitativa?

 


Podemos compararla con el alpinismo.

 

Tomemos un ejemplo:

 

El alpinismo y el arte marcial

- Vives en París. Jamás has hecho el alpinismo pero sueñas con hacer la ascensión al Mont Blanc.
Esta situación se parece a la de un niño que sueña con Kárate Kid.

- Como has decidido realizar la ascensión, pones en marcha el proyecto y llegas a Chamonix, al pie de la montaña que tanto admiras.
Contratas a un guía, y siguiendo sus pasos, comienzas realmente la ascensión al Mont Blanc.
Esta situación se parece a la de una persona que se inscribe en un dojo de kárate y comienza a seguir las clases de su profesor.

A este nivel, su práctica se distingue poco de un juego. Puede ser un deporte de lucha, pero todavía no es el budo, porque el alumno todavía no es consciente de la vía (do).

- Has alcanzado los 1000 metros de altitud en el Mont Blanc. Ya no te imaginas el paisaje de las montañas; lo ves realmente. Así compruebas que hay una gran diferencia entre el espectáculo que habías imaginado y el que se presenta realmente ante tus ojos. Sientes también el cuerpo fatigado. Y ves que la cumbre está todavía muy lejos.
Esta situación se parece a la de un alumno que comienza a conocer la dificultad del entrenamiento y a darse cuenta de los diferentes niveles entre los alumnos más avanzados. Ve que existe una clara diferencia entre el juego y el entrenamiento del budo. Se da cuenta del largo camino que le queda por recorrer antes de alcanzar el nivel del más avanzado. Pero es lo que quiere hacer.
A partir de este punto, su práctica puede evolucionar en calidad. Ya no es un juego, sino que empieza a acercarse al budo: el camino del arte marcial.

- Has alcanzado los 2000 metros de altitud en el Mont Blanc. El paisaje está totalmente cambiado de nuevo y te maravilla la sensación que percibes de la montaña. No puedes dejar de pensar en la vida que has llevado hasta ahora en la sociedad, comparándola con la sensación que percibes en el seno de la naturaleza de esta montaña. Así, te preguntas por el sentido de la vida que has llevado hasta ahora y que seguirás llevando en la sociedad.
Esta situación es similar a la de una persona que empieza a cuestionar el significado de la práctica del arte marcial, el budo. Reexaminas las razones que te han llevado a practicar un arte marcial. ¿Qué buscas en esta práctica? ¿Cuál es la relación entre la práctica del budo y la vida social?

A este nivel, tu práctica comienza a confundirse con la búsqueda del sentido de la vida. Comienzas a practicar verdaderamente el budo.
Dejaré aquí esta comparación del budo con el alpinismo.


El concepto del Budo

El cambio cualitativo de una práctica que empezó como un juego y que evoluciona hacia una disciplina deportiva o el budo, ocurre tras una cierta toma de conciencia de la persona respecto de su modo de vida. El budo se convierte en cierto modo en la expresión de la madurez de esta persona.

Hablando con rigor, el budo no es una categoría de disciplinas marciales japonesas, sino la manera de entregarse a la práctica. Mientras no aparezca esta especie de toma de conciencia, el budo no puede existir.
No hay ninguna disciplina llamada budo, porque el budo consiste en la manera que uno tiene de practicar una disciplina de combate en relación con su modo de vida.
Vamos a explicar esta distinción con más rigor:
Cuando un niño de nuestra época se inicia en una práctica clasificada como disciplina de budo (como por ejemplo el kendo, el judo, el kárate-do, el aïki-do), no es budo lo que practica. Sería más justo decir que practica un juego de combate siguiendo el modelo del budo.

Ningún niño de nuestra sociedad asociará su juego de combate con el sentido de su vida, porque todavía no se halla en condiciones de hacerlo. Su actividad en la práctica del combate se hará «budo» sólo cuando, con la edad, adquiera la madurez que le permita asociar su práctica con su manera de vivir. La práctica del budo será para él mucho más que una práctica corporal que le permite desfogarse o sentir el placer de la activación física. La práctica del combate, que exige un rigor tanto gestual como mental, le permitirá abrir y cultivar un registro existencial a partir de una práctica corporal.
Para que una práctica corporal pueda tomar esta dimensión hoy en día, este proceso es indispensable.
Esta es la diferencia fundamental con un niño de la época feudal en Japón.
Un niño nacido en una familia samurai tenía que aprender a manejar el sable desde su prima infancia. Pero incluso jugando al sable con un palo de madera, el sentido del juego era radicalmente diferente del de un niño de nuestra época.
Porque un niño nacido en una familia samurai se veía a sí mismo como guerrero. Le enseñaban a vivir con el sable, a matar al enemigo con el sable y a morir con el sable. Aprendía muy temprano la idea implacable de que un samurai debe ser capaz de matarse cometiendo seppuku con el sable. Por esta razón, los samurai debían vivir con su sable en todo momento, incluso durante el sueño. Un samurai digno no se separaba jamás de su sable, y por tanto tomaba la precaución de colocar un sable de madera en el cuarto de baño para así proteger de la humedad la lámina de su sable de acero.

Yo creo que en la práctica del combate con el shinaï, a la manera del kendo moderno, los kendoka contemporáneos de alto nivel pueden ser superiores en técnica a los samurai de un nivel medio. Pero no sería justo comparar lo que no es comparable. Los samurai trabajaban con el sable con el que tendrían que matar al adversario o a sí mismos, mientras que la mayoría de los kendoka modernos no saben manejar un verdadero sable, lo que no les impide destacar en el combate deportivo del kendo utilizando el shinaï (sable de bambú).


El budo y la educación

La formación moderna del concepto de budo es representativa de la evolución técnica y conceptual de una disciplina a lo largo de la historia, y se podría comparar con la evolución de un individuo.
Me explico.
El término budo había existido desde hacía tiempo en la historia de los samurai sin constituir por ello un concepto. Porque según los períodos, este término fue utilizado en el mismo sentido que otros, tales como bushido (la vía guerrera), bugeï (arte guerrero), geijutsu (arte), bujutsu (técnica guerrera), gekiken (enfrentamiento con sable), kenjutsu (técnica de sable) o simplemente geï (arte), do (vía), michi (vía) o bu (arma)...

El concepto del término budo que empleamos hoy para designar un conjunto de prácticas de artes marciales tradicionales japonesas no nació hasta después de la era Meiji (1868-1912). Podemos decir que Jigoro Kano, fundador del Judo, fue un precursor de la conceptualización del budo al definir el judo como método de educación global de la persona. Aunque el judo se practique hoy en el ámbito de la educación física y deportiva, el objetivo inicial al desarrollarlo era más bien elaborar un método de educación global de la persona. Esta idea queda expresada claramente con el sufijo «do», (vía): la vía para toda la vida. Se trata de la vía que se extiende a lo largo de la vida, con todos los picos y valles que ésta conlleva. La práctica del arte marcial, el budo, debe ser el soporte corporal para avanzar en esta vía. Y dicha práctica corporal implicará naturalmente un aspecto espiritual.

Para comprender bien el significado de este concepto, hay que tener en cuenta consideraciones socio-históricas de Japón.

Al elaborar el concepto del judo, J. Kano dijo:«Conviértase en uno de los pilares de Japón.»


Para él, el progreso en Judo ha de reflejar el valor de una persona, así como la progresión global de su sentido de vida, aspectos que pueden ser comprobados por su grado de contribución a la colectividad y, por supuesto, a Japón, en vías de construcción.
En aquella época, Japón emprende guerras contra China, en 1894, y diez años más tarde, contra Rusia. Sale de ellas victorioso, pero al borde de la quiebra y del agotamiento nacional.
Al estudiar la historia del Japón de esta época, podemos detectar una suerte de confusión voluntaria entre los valores individuales y colectivos. Así, Japón se vuelca en la vía capitalista. La ideología del Judo correspondía perfectamente a este espíritu, al generalizar el concepto del budo e incluir en él otras disciplinas de las artes marciales.

Por tanto, el concepto del budo se forma a partir de la idea del judo, tal y como lo concebía J. Kano.
En efecto, varios maestros de otras disciplinas marciales japonesas recojen así las ideas de J. Kano y el budo moderno se define globalmente tanto en concepto como en forma.


Conclusión

Hemos visto brevemente que la práctica de las artes marciales tradicionales japonesas conocidas como “budo” suele empezar como juego. Luego, al evolucionar como las diferentes fases de la vida, que a menudo presenta la forma de una obra dramática, se estructura introduciendo toda una serie de rituales propios de cada disciplina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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