Jisei budo

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Los juegos y las artes marciales

por Kenji Tokitsu

Kenji TokitsuIntroducción

Los niños se divierten jugando a diferentes juegos de combate. La mayoría de los maestros japoneses de sable, de kendo o de kenjutsu, se iniciaron en su disciplina durante su primera juventud a partir del juego de sable que se llama en japonés “chambara”. De hecho, las artes marciales podían así constituir modelos de juego. Como ha dicho un eminente maestro del kendo moderno: «Lo que más me divierte es el combate de kendo.»

Así, entre el juego y el arte marcial, no es fácil trazar una línea de demarcación nítida. En todo caso, se encuentran modelos de juego en la primera práctica de cualquier deporte o arte marcial.  Luego, con el tiempo, los juegos se transforman en deportes de lucha, en artes marciales o en budo. ¿Pero cuáles son las diferencias entre los juegos o disciplinas deportivas de combate por una parte, y el budo por otra? ¿Cómo se forma esta evolución cualitativa?

 

Taiki-ken : Sawai sensei

Sawai sensei : «¡Claro que hay que golpear a fondo!»

Nacido en 1903 en Tokio, comienza muy joven a estudiar las artes marciales. A la edad de 22 años, era ya 5º dan de judo y 4º dan en kendo y en iaido. En 1931, mientras vivía en China, fue a ver a un maestro chino, Okasai [Wang Hsiang Ch'i], combatió contra él, perdió y se hizo su discípulo. Al regresar a Japón ocho años más tarde, el Maestro Okasai le dio permiso para convertir el nombre de la escuela en Taiki-ken.

Hoy, a los 81 años, Sawai Sensei, respetado por sus pares, sigue enseñando su arte a sus alumnos y a un puñado de discípulos. Lejos de las luces de la gloria, el viejo maestro se niega a hacer concesiones. En su escuela los ataques se lanzan a fondo. En toda la vida no ha aceptado ningún contacto con la prensa. Este verano un periodista francés tuvo la amarga experiencia de verse firmemente despedido de su presencia.

Kenji Tokitsu, que nuestros lectores conocen bien ya que escribe cada mes en Bushido, consiguió reunirse con Sawai Sensei con el que habló durante cinco horas. En esta entrevista nos habla de Kenichi Sawai Sensei.

 

Entrevista de André Louka

Bushido. ¿Cómo consiguió reunirse con Sawai Sensei?

Kenji Tokitsu. Fue a través de un amigo que practica las artes marciales en la misma escuela que yo cuando voy al Japón. Sawai Sensei pensaba concederme una entrevista de sólo una hora, pero de hecho, llevado por la pasión de hablarme de su arte, se quedó hablando durante cinco horas.

 

B. Creo que no quiere mucho a los periodistas.

K.T. No, no mucho. A propósito, me contó la visita que le hizo este verano un periodista francés enviado por una revista especializada para pedirle una entrevista y unas fotos. No sé lo que pasó pero le respondió palabra por palabra que no practicaba un arte para complacer a los periodistas y todavía menos para responder al interés de uno de ellos, y por tanto que no veía por qué debía concederle una entrevista.

Hay que precisar que siente cierta reticencia frente a los occidentales porque una vez, en el pasado, recibió en clase a algunos de ellos y se dejó fotografiar, pero que le había chocado profundamente leer en las revistas que dichos occidentales eran sus discípulos. Su actitud se comprende si sabes que entre sus alumnos sólo hay dos o tres que pueden ostentar este título.

 

 

Las ilusiones perdidas

B. ¿Habló de su vida?

K.T. Sí pero sobre todo de su práctica y de su aprendizaje en China. Cuando se marchó a ese país, debía ser ya 5º dan de judo, 4º dan de kendo y de Iaido. Era todavía joven ya que tenía apenas 28 años. Pero debió trabajar mucho para haber alcanzado el nivel que tenía. Se había impuesto un entrenamiento extremadamente duro porque se había fijado como objetivo el sobrepasar ciertos límites. Para ello había hecho una especie de voto o promesa. Ya no tomaba baños calientes; se lavaba con un poco de agua fría. Este entrenamiento tuvo consecuencias para su salud ya que se quedó completamente calvo.

En China conoció a un maestro chino, Okosai.

B. Es sin duda la pronunciación de Wang Hsiang Ch'i. Por otra parte habla de eso en su libro. Él lo describe como un «hombre de tamaño pequeño con andares de pato». ¿Cómo conoció a este maestro chino?

K.T. Antes había conocido de un practicante de artes marciales chinas con quien trabajaba. Un día, Sawai Sensei le alabó su técnica, a lo que aquel respondió «y todavía no he utilizado las técnicas de golpe al contentarme en luchar contra usted. Mi maestro es todavía mejor que yo». Entonces Sawai Sensei quiso que le presentaran a este hombre.

 

B. Cuenta en su libro que el maestro Okosai –vamos a adoptar la pronunciación japonesa– era un hombre que tenía la costumbre de ignorar a los que venían a verle para aprender con él. No les decía nada. A ellos no les quedaba más remedio que observarlo para tratar de imitar sus técnicas.

K.T. En efecto, cuando Sawai Sensei conoció al maestro Okosai, éste se negó a tomarlo como alumno. Pero acabó por aceptarlo porque, según Sawai Sensei, tenía mucho interés en saber más sobre las artes marciales japonesas y creía que aceptándole a él, podría enterarse un poco. Al llegar a China, Sawai Sensei tenía una gran confianza en su técnica de combate. Por fin llegó el día en que pudo medirse con Okosai. Me contó que cada vez que intentaba lanzar un ataque, era como aspirado por el maestro chino, quien en cambio le daba un pequeño golpe. Se dio cuenta de modo innegable de la superioridad de Okosai.

 

B. En su libro cuenta que trató de utilizar sus conocimientos de judo sin gran éxito. Escribe lo siguiente:

«Yo era 5º dan de judo y tenía una gran confianza en el valor de mis técnicas de combate. Cuando tuve mi primera ocasión de medirme en combate contra Wang, le tomé el brazo derecho... En seguida me sentí proyectado por el aire. Me decidí entonces a agarrarlo. Le cogí el brazo izquierdo y el revés derecho de su traje con el fin de intentar meter los ataques que conocía, pensando que aunque el primero fracasara, le llevaría al suelo para estrangularle. Pero cada vez que me echaba sobre él, Wang tomaba el control absoluto de mi brazo y yo salía disparado. Cada vez que trataba de dominarlo, me proyectaba hacia atrás y me daba un pequeño golpe en el pecho justo encima del corazón. Sentía un dolor extraño y terrorífico... ».

 

¿Sabe Ud. qué disciplina practicaba el maestro Okosai?

K.T. El Tai sei ken, pronunciado a la japonesa. O sea, es el Hsing I.

 

B. ¿Sabe si todavía queda vivo algún discípulo del maestro?

K.T. Sawai Sensei habló de un hombre que debe tener unos diez años menos que él, pero que comenzó antes que él a practicar con el maestro Okosai. Él lo considera como su superior. Va a invitarlo a venir a Japón el año próximo para dirigir unos cursos.

 

B. ¿Cuánto tiempo permaneció en China?

K.T. Creo que trabajó allí durante siete años. Pero es sólo una vez de vuelta en Japón que afirma haber captado el chi. ¡En el transcurso de un combate precisamente!

 

Un maestro poco conocido

B. ¿Cómo se explica que sólo unos grandes expertos, digamos los que cuentan con cierta experiencia en las artes marciales, conozcan a Sawai Sensei, mientras que los demás no parecen conocer su nombre?

K.T. El hecho de que Sawai Sensei no sea muy conocido en Japón, excepto entre un círculo de grandes expertos, se explica fácilmente. Primero, al contrario de lo que se tiende a pensar fuera de Japón, sólo un porcentaje muy pequeño de japoneses practica el kárate. El universo de las artes marciales es un universo pequeño y cerrado.

Desde el exterior no se sabe lo que pasa allá. Incluso los que están dentro de ese universo, para que conozcan a Sawai Sensei, tienen que haber sobrepasado un determinado estadio de trabajo para poder apreciar el trayecto de este maestro. En efecto, supone que se haya reflexionado sobre el kárate, es decir que se haya practicado un cierto tiempo, para poder cuestionar ciertas cosas y de ahí interesarse por un camino crítico con respecto a su propio arte, el kárate en este caso. Es por eso que poca gente le conoce. Que él sea apreciado por los grandes expertos se explica sin duda por su crítica de las artes marciales contemporáneas, en particular en su aspecto de combate libre, tal y como lo conocemos.

 

B. ¿En qué consiste su crítica?

K.T. Considera en efecto que la costumbre que consiste en controlar los ataques crea una situación artificial y, desde luego, falsa del combate. Supongamos, dice él, que yo bloqueo un ataque “jodan”. Esta parada se ha hecho en realidad contra un ataque que de todos modos está controlado.

Yo tengo la impresión de haber tenido éxito con mi técnica aunque el ataque, en muchos casos, ya se estaba controlado o parado. Es decir, uno corre el riesgo de caer en la autosatisfacción por una cosa completamente ilusoria. Esta crítica de Sawai Sensei marcó su época; tuvo gran influencia en la corriente del Maestro Oyama. Sabemos que en Kyukushinkai, todos los ataques se lanzan a fondo salvo el golpe de puño a la cara, que está prohibido. Además, Sawai Sensei critica esta última regla también. Para él, no tenía que haber ninguna prohibición.

B. ¿En la escuela de Sawai Sensei se golpea con intención de hacer daño?

K.T. Le hice esta pregunta, y me respondió: « ¡Claro que sí! El no golpear no tiene ningún sentido en el marco de un arte marcial. Está rayando en hacer un trabajo inútil. Los golpes deben ser lanzados a fondo, sin ser controlados!».

 

El bautismo

B. Pero entonces en sus clases debe haber muchos heridos, ¿no?

K.T. Él dice que a veces hay narices rotas o fisuras de costillas. Pero él piensa que no importa. Mi amigo Takaouchi me ha dicho que sus clases eran bastante sangrientas.

 

B. ¿Qué tal lo llevan los recién llegados a su escuela?

K.T. Sawai Sensei tiene un método muy simple para seleccionarlos. El nuevo debe dar pruebas de sus capacidades como combatiente. Le hace combatir con sus alumnos hasta que esté magullado de golpes. Es un combate sin límites y los golpes deben llover incluso cuando el otro está en el suelo. Combate sin límites. Sawai Sensei sabe muy bien que si el nuevo gana uno o dos asaltos, seguro que llegará uno que perderá. Es raro que un chico nuevo se quede.

 

B. ¿Qué opina usted de ello?

K.T. No estoy completamente de acuerdo con Sawai Sensei cuando dice que recibir golpes no es importante. Eso marca a la fuerza. Comprendo el principio de su enfoque, cuando afirma que el trabajo con control ha creado una situación artificial.

Hay que observar que los nuevos que vienen a su clase no saben que los golpes que reciben son lanzados a fondo mientras que los que dan son controlados. Para cuando se den cuenta, ¡menudos golpes que han recibido!

B. Es interesante observar que en la cuestión de control, Sawai Sensei adopta la postura opuesta a los que, en Occidente, critican el control. En Occidente se afirma que el que controla sus ataques, crea tal costumbre que ya no es capaz de atacar de verdad llegado el momento. Creo a propósito de eso que los Occidentales confunden «controlar la fuerza hasta retenerla» con «controlar la distancia de ataque». En cuanto a esto Sawai Sensei se pone del lado del que recibe el ataque.

K.T. Efectivamente. Lo que usted dice sobre el control es verdad. Comparto su opinión. Se confunde el control de la distancia con el bloqueo del cuerpo. El control es más flexible. En cuanto a la posición de Sawai Sensei, pienso que se sitúa en un plano dialéctico. Para desarrollar la parada hay que desarrollar necesariamente el ataque. Al hacerlo, se mejora la percepción del combate.

 

Respetado por sus pares

B. En su opinión ¿por qué los expertos consideran a Sawai Sensei como un luchador famoso?

K.T. Cuando volvió de China, hizo numerosos combates con karatekas. Hay que saber que el nivel del combate libre de los karatekas después de la guerra no era muy alto. La guerra les había inculcado un espíritu formidable pero en el plano técnico no tenían mucho nivel. No hay que olvidar que el asalto libre no fue desarrollado hasta los años 50. Entonces es normal que Sawai Sensei, que volvía de China con un refinado repertorio técnico, llamara la atención. Pero creo que si Sawai Sensei es respetado por sus pares es porque, en la sociedad de confort en la que vivimos, lo que no puede dejar de influir en el modo de entrenarse y por tanto de combatir, es notable que un maestro continúe marcando su práctica y su enseñanza de un espíritu marcial evidente.

Su crítica de las artes marciales actuales es tanto más preocupante para aquellos que se ejercen en una práctica “blanda”.

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El segundo capital corporal

por Kenji Tokitsu

 

Cada ser humano vive con la energía vital que adquirió al nacer. En el curso de su vida, la va utilizando poco a poco como una vela encendida que se consume lenta pero inexorablemente.  Cuando está totalmente agotada, la vela se extingue.  Ello corresponde al primer capital vital o corporal.
Los deportistas de alto nivel son generalmente ricos en lo que respecta a este capital primario. Pero este capital se agota con el tiempo, y con la edad.
En los deportes que requieren esfuerzos “explosivos” como el boxeo, el rugby, los cien metros…, los atletas alcanzan muy pronto su apogeo. Luego entran en el periodo de descenso. La caída se manifiesta progresivamente o de un modo radical. Es la edad crítica de la práctica.
En el karate dónde la eficacia no reposa únicamente sobre la fuerza física, sino también en las sutilezas técnicas, la disminución de este capital sucede alrededor de los cuarenta años. Algunos emprenden entonces su retirada. Y otros consiguen, si no están demasiado “cascados” , retardar la retirada gracias a las sutilidades técnicas adquiridas en el curso de su carrera.


Oscar Gutierren en la práctica de ritsuzenLos profesores de karate o aquellos de disciplinas afines, conocen muy bien este fenómeno, ya que abundan los ejemplos al respecto.
Frente a esta situación al parecer “inevitable”, el método de las artes marciales tradicionales ha propuesto, desde hace más de dos mil años según los documentos escritos, otra posibilidad al incorporar en su práctica específica los métodos energéticos. Ello permite, según mi expresión personal, la posibilidad de formar el segundo capital corporal.

 

El método clásico del arte marcial como el Zhànzhuang (Ritsu Zen) constituye un ejemplo concreto; su aspecto esencial se encuentra también en otros métodos. No se trata en ningún caso de un bricolaje, sino de un método elaborado que ha sido aplicado, examinado y corregido en el curso de la historia.
Debemos remarcar que el arte marcial clásico se fundamenta sobre la base del segundo capital corporal. Nuestros predecesores comprendieron que el arte marcial únicamente será eficaz si partimos de esta base.
Es un punto a recordar, ya que existe una confusión entre los bricolages que encontramos en las artes marciales modernas y los métodos que tienen raíces en la historia.


El método para adquirir el segundo capital corporal ha sido transmitido siempre en marcos cerrados y secretos- como por ejemplo el método del Zhánzhuang (Ritsu Zen) y no es el único.  En los años veinte Wang Xiangzhai mostró abiertamente este método fundando el Yi chuan (boxeo de la intención). Hasta entonces este método había sido transmitido en grupos muy restringidos, incluso secretamente.

En efecto, el arte marcial digno de este nombre, es demasiado importante como para que un hombre, cualesquiera que sean sus cualidades, pueda comprenderlo y dominarlo en su totalidad antes de llegar a los cuarenta años. Es la edad que para muchos adeptos corresponde al comienzo de un segundo periodo de ascensión.Sin embargo, para la mayor parte de las prácticas deportivas, la cuarentena corresponde desgraciadamente al período en el que el primer capital corporal ha disminuido ya considerablemente o bien se ha agotado. A ello hay que añadir además la existencia casi general de traumatismos diversos: dolores de espalda, problemas articulares…


Esta es la razón por la cual se nos presenta la necesidad de constituir el segundo capital corporal a fin de explorar la vía del arte marcial más allá del periodo de la edad sensible. No se trata de compensar el descenso de la fuerza física mediante las sutilezas técnicas, si no de explorar, encontrar y volverse capaz de utilizar el segundo capital corporal con el cual podréis construir técnicas superiores.
Para ello, una práctica simple no es suficiente. Porque tarde o temprano alcanzaréis la edad dónde ya no tendréis los medios para realizar esfuerzos físicos desmesurados. Si algunos karatekas serios mayores de cincuenta años tienen problemas físicos, no es por que hayan carecido de coraje o voluntad. Al contrario, han sido tan voluntariosos y encorajinados que han llegado a crear toda una serie de secuelas. Lo único que les faltaba era simplemente el método.

El método es como un mapa que puede conducirnos al emplazamiento de un tesoro. Sin el mapa nos sería imposible alcanzar ese tesoro. Pero, incluso si lo encontramos, si no tenemos la voluntad y el valor de cargarlo sobre nuestros hombros para llevárnoslo a casa, no nos será de ninguna utilidad.
Esta parábola ilustra la necesidad de practicar con método, con el método.

Wang XiangzhaiHe aquí las palabras de Wang Xhiangzhai: “Has practicado un arte marcial durante varios decenios. Si descubres el método del Zhanzhuang (Ritsu Zen), podrás tirar sin ningún remordimiento todo lo que has aprendido por el desagüe, como si fueran un viejo par de botas usadas”.
Según el método del yi chuan, las técnicas formadas a través del primer capital corporal son insignificantes o ridículas. Es preciso que las técnicas se construyan a partir del Zhengti (integración global del cuerpo), el cual corresponde al segundo capital corporal. Puesto que el primer capital corporal únicamente puede producir una fuerza parcial que es considerada como “fuerza turbia”.
Según este método, las técnicas sólo son eficaces si son producidas a partir del Zhengti (cuerpo integrado) correspondiente al segundo capital corporal. La fuerza explosiva (Fali) sólo puede ser realizada a través del mismo.
Es por ello que en la enseñanza clásica se dice: “No te muevas hasta que no hayas conseguido integrar la totalidad del cuerpo”. Aquí: “No te muevas”, significa “ejercítate en el Zhanzhuang (Ritsu Zen) con el cual formarás el cuerpo “marcial” : el Zhengti (cuerpo integrado) que es el segundo capital corporal.


Paralelamente a la búsqueda de eficacia en el arte marcial mediante el Zhengti (cuerpo integrado), se ha demostrado que el ejercicio del Zhanzhuang (Ritsu Zen) es altamente positivo para la salud y el fortalecimiento del cuerpo. Este ejercicio se asocia a diferentes ejercicios energéticos y de salud.

La cita de Wang Xiangzhai indica la  importancia del método en el arte marcial y, al mismo tiempo, la dificultad para comprender su importancia. Practicar simplemente no significará gran cosa si no se hace con el método justo. Y éste no es fácil de adquirir, ya que es sólo una guía que os conduce hasta un tesoro que está oculto. Felices aquellos que han tenido la suerte de poder conocerlo.  




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Zanshin

Texto escrito por Kenji Tokitsu


En el arte marcial japonés, a veces se oye la palabra “zanshin”. ¿Qué significa? Voy a explicar el sentido de este término y añadir una interpretación personal.

Escribo este artículo en respuesta a la petición de Vincent Leduc, mi alumno karateka Belga, 6º dan. Así pues, al final de este texto, aclararé este concepto en relación con el kárate.

En el diccionario japonés, se dan dos acepciones para la palabra “zanshin”. Como las notas explicativas son cortas, añado mis comentarios personales a continuación.

1 - El espíritu que queda, o el hecho de dejar permanecer el espíritu.

- El espíritu que no se desprende.
- El hecho de no satisfacerse totalmente con las cosas o con los actos.

2 - La mentalidad buscada y practicada en kendo o en kyudo (tiro con arco).


En kendo: la actitud mental que se mantiene después de haber golpeado.

Golpear con el shinaï (en kendo) corresponde a la acción de combatir con el sable. La explicación del diccionario significa: habiendo golpeado (confrontado) al adversario, tu espíritu no debe fijarse en esta acción. Debes hallarte en estado de actuar frente a otro adversario eventual, mientras sigues vigilando al primero. No se trata de parar precipitadamente el gesto, ni de continuarlo en el vacío. Incluso si el gesto se para, el espíritu está siempre en acción sin estar bajo tensión. Se mantienen la vigilancia, la disposición y la energía, mientras que la acción de ataque parece acabada...

En kyudo: la tensión mental que se mantiene después de haber soltado una flecha.

Tu cuerpo está en simbiosis con la diana. Disparas una flecha. Llegue a la meta o no, tu acción continúa resonando en tu cuerpo y en tu espíritu. La acción de disparar la flecha se ha acabado, pero no el espíritu de hacer esta acción, ya que la resonancia del gesto continúa dentro de ti. Soltar una flecha no significa el fin de la acción de dispararla.

En la práctica de las artes marciales, nos referimos al segundo sentido.

El kárate moderno pone gran énfasis en la técnica de realizar el kimé, concepto que se inspira en la idea de “zanshin” que acabamos de ver.

Si tienes alguna formación en kárate, te invito a prestar atención a tu cuerpo cuando realizas el kimé. ¿Qué sucede en tu cuerpo? Contraes los músculos de modo que tu cuerpo se bloquee instantáneamente con el fin de expresar la fuerza y la precisión en técnica. El kárate moderno preconiza esta forma de expresión de fuerza asociada con una técnica.
Si comparas las tensiones para realizar el kimé con mis comentarios sobre el “zanshin”, te darás cuenta de algunas diferencias.
Porque, al ejecutar una técnica con el kimé, estás momentáneamente en una postura fija en la que expresas la precisión y la fuerza del gesto. Si pudieras observarte, verías que en este preciso instante te has bloqueado, quedándote impedido de hacer otro movimiento. Lo que significa que en este preciso instante, te has prohibido a ti mismo reaccionar frente al ataque eventual de otro adversario. Esto no puede ser una actitud de arte marcial.


Es una de las razones por las que yo considero que la introducción del kimé en el kárate moderno no ha sido un éxito como aplicación del concepto “zanshin”.
Si comparas esta situación con los comentarios que he añadido a la definición del “zanshin”, te darás cuenta fácilmente de la diferencia. En el kárate original de Okinawa la situación era muy diferente. (Lo explicaré en otros textos futuros.)

Pero queda una pregunta.
Si el kimé se inspira en el “zanshin” en las artes marciales japonesas, entonces ¿por qué apareció el modelo actual del kimé? Esta pregunta nos llevará a una reflexión sociocultural e histórica. Te dejo que pienses en ello. Aquí me limitaré a aportar unos pequeños apuntes históricos.

Pero primero, una pequeña anécdota para acabar esta breve reflexión sobre el “zanshin”.
« Un célebre maestro de kendo del S. XX tomaba el té con su alumno en una terraza que daba al jardín. El alumno le hizo una pregunta al maestro sobre lo que era el “zanshin”. A modo de respuesta, el maestro echó de repente el contenido de su taza al jardín. Luego le mostró al alumno el fondo de la taza donde aún quedaban unas gotas de té, y dijo: « Eso es el “zanshin”. »

Breve reseña histórica del kárate moderno

Yo entiendo por kárate moderno el conjunto de las corrientes y escuelas de kárate formadas y desarrolladas después de 1920 en la isla principal de Japón. Distingo cuatro períodos en la historia del kárate moderno.

1) El primer período (1921-1945).
La introducción del kárate de Okinawa en la isla principal de Japón. Comienza en 1921 y continúa hasta el fin de la Segunda Guerra mundial. Es un período marcado por el intento de ligar el kárate de Okinawa con la tradición de las artes marciales japonesas.

2) El segundo período (1945-1970).
Después de la Guerra hasta finales de los años 1960. Es una formación del kárate moderno que asocia el kárate del primer período con una cierta tendencia a la competición deportiva. Es el nacimiento de lo que se llama el “kárate tradicional”.

3) El tercer período (1970-1990).
Después del primer campeonato del mundo de kárate en 1970 en Tokio, el kárate conoció un auge a escala mundial. Aprovechándose de la ola de las películas de Bruce Lee unos años más tarde, el kárate conoció una expansión real en el mundo hasta finales de los años 80.

4) El cuarto período (1990-hasta nuestros días).

A partir de los años 90, el kárate entra en un período de regresión. Al bajar el furor del período precedente, disminuye también el número de practicantes. Al mismo tiempo, las artes marciales chinas, entre otras el taichi chuan, conocen una creciente apreciación pública.

 

 

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El ki en el karate

 

Ir hasta el límite para adquerir capacidad de ki



Según mis investigaciones, hay varios caminos para lograr la sensación del ki. Hay caminos empíricos y caminos trazados por los métodos tradicionales. Es un ejemplo de camino violento y directo, pero muy espinoso. El ki no es el objeto de la búsqueda, sino la consecuencia de una experiencia vivida hasta el límite. En cierta manera está al alcance de todos, a condición de ser capaz de perseverar, de superarse. Escuchemos al Maestro Kenji Kurosaki (65 años), famoso Kyokushin budokai, uno de los primeros combatientes de kick-boxing:

«Tuve unas experiencias que no se pueden explicar de manera racional. En otro tiempo, en la habitación donde yo dormía, estaba colocada justo detrás de mi cabeza una gran caja de madera en la que se conservaba el arroz. Pesaba por lo menos 120 kg y el fondo de la caja se hundía en el tatami a causa de su peso. Un día, echado sobre la cama, tiré la caja. Ocurrió. Yo pesaba sólo 60 kg. Físicamente, esta situación es imposible...
Un grueso bambú envejecido es muy difícil de cortar. Yo era capaz de cortarlo limpiamente con una vieja hoz inutilizable por estar la lámina totalmente gastada... Una vez, andaba por el campo en la noche oscura y pasé delante de un granero; de pronto me paré, porque sentí el movimiento de algo vivo. Al mirar con atención, vi un bambú cortado como la punta de una lanza justa delante de mi garganta. Si no me hubiera parado, sin duda me habría atravesado la garganta...

No sé por qué he tenido estas experiencias pero creo que he adquirido una capacidad particular gracias a mi formación. Cuando era niño, me obligaron a trabajar como los mayores en las tierras de una nueva explotación. Gracias a ello, adquirí una fuerza física y de espíritu excepcional.
Para el entrenamiento de kárate, me impuse ejercicios especialmente duros con el fin de ir más allá de mis límites: pasé 20 días sin comer, 7 días sin beber una gota de agua, 7 días sin dormir. Sostuve contra mi brazo un haz de incienso encendido hasta que se consumiera totalmente.
Viví 82 días en invierno en la montaña a temperaturas de 20 bajo cero. Perseveraba en estos ejercicios mediante los cuales pretendía apurar mis límites. Creo que viviendo constantemente al límite, entré en un estado psicológico particular, y que esto me ha permitido desplegar una energía particular.

Volviendo a mi experiencia con la caja de arroz, estaba constantemente nervioso y este nerviosismo dio lugar a una explosión en aquel momento. Mi fuerza límite se disparó en ese instante. Para mí, la verdadera fuerza se deriva de esta energía límite. Es el objetivo de mi enseñanza. Los que pretenden hacerse fuertes deben pasar por entrenamientos duros, penosos y severos. No hay otro camino para hacerse fuerte.... Los que han llegado a ser campeones de kick-boxing bajo mi tutela han pasado por un entrenamiento diario de 10 horas, durante las cuales no autorizaba ningún relajamiento del ki. Los obligaba a hacer todos los ejercicios a fondo. Durante esas 10 horas de entrenamiento intensivo, podían desplegar su capacidad máxima sólo durante 3 o 4 minutos.
Se puede decir: ¿no basta con hacer 4 minutos de ejercicio intensivo? La respuesta es que no, porque durante el combate nadie puede estar constantemente en una condición óptima. Diez horas de entrenamiento les eran necesarias para que fueran capaces de afrontar cualquier situación».

Así es como el Maestro Kurosaki resolvió la cuestión del ki el combate. Al leer cómo se entrenaba, sorprende la buena salud que conservó. En este método, la condición de base es superar las pruebas límites. Si las superas preservando la salud, ciertamente habrás adquirido algo. Pero también pueden destruirte. No es pues un camino recomendable para todos. De todas formas, el Maestro Kurosaki desarrolla hoy un método más racional que está basado en sus experiencias.


Aproximarse al ki mediante el método del taiki-ken


El taiki-ken se basa en un método constituido para adquerir el ki: se trata del método de ritsu-zen. Está al alcance de todos, a condición de perseverar. Los métodos de qi-gong o de respiración también permiten cultivar y desarrollar la dimensión física interna del ki. O sea, que el camino no es único.
El fundador del taiki-ken, el Maestro Sawai, era kendoka, y en este arte marcial, se busca una forma de ki próxima a la del kendo, además de unos movimientos técnicos producidos espontáneamente por la manifestación del ki.
El Maestro Sawai cita la imagen de una peonza. Cuando gira fuerte, la peonza se mantiene recta y estable, llena de una energía dinámica. Un hombre se vuelve como la peonza cuando se llena de ki. En un instante, puede acercarse al adversario, en un instante puede evitar un ataque y en un instante puede tumbarle al adversario. Así, se busca la eficacia producida espontáneamente por el ki.

Kenichi SawaiCitaré algunos consejos del Maestro Sawai sobre la manera de captar el ki:
«Hay que comenzar por alimentar el ki desarrollando la sensación del ki en la vida diaria (kibun). Para ello hay que meditar en ritsu-zen, la meditación es particularmente eficaz en la naturaleza, entre árboles inmensos.... Aunque hablara del ki centenares de veces, no podrías comprenderlo hasta no hacer tú mismo la experiencia.... Los peces nadan bajo el agua. Si echas una piedra en el agua, los peces desaparecen con una rapidez excepcional. La manifestación del ki se parece a ello.... El cuerpo lleno de ki es comparable a una olla llena de agua hirviendo a punto de hacer saltar la tapa».
El ritsu-zen del taiki-ken es la aplicación y la adaptación personal del Maestro Sawai del trabajo de zhan zhuang del «da cheng chuan». Para el Maestro Sawai, es sólo a través del ritsu-zen que uno puede adquirir el ki y luego seguir alimentándolo.

Aprendí el método del ritsu-zen en 1982 y lo practico desde entonces. Al mismo tiempo estudié el qi-gong y un método de respiración que pretendía cultivar el ki. Gracias a estos métodos, logré sentir el ki por primera vez al cabo de aproximadamente un año. Desde esa época, he replanteado mi entrenamiento de kárate, centrándolo en el trabajo del ki. He estudiado con esta base el «da cheng chuan», método que había estudiado el Maestro Sawai para crear el taiki-ken. Según mi experiencia, el progreso es más rápido si se comprende la lógica y el objetivo del ejercicio. Pero la comprensión teórica no puede sustituir una práctica regular. Uno de mis maestros de qi gong me ha dicho: «El qi-gong, es el tiempo. Es el "gong fu” (talento cultivado) que se construye con el tiempo. Hay que practicar sin cansarse cada día sin preocuparse del resultado inmediato.»


Aplicaciones del ki


Sentirse lleno de ki y combatir con el ki son dos cosas diferentes. Si te sientes lleno de energía vital, pero frente al adversario te quedas petrificado de miedo, no podrás luchar con eficacia. En este caso no se puede hablar de ki. Pero, comparado con esta experiencia, la combatividad sí puede ser comprendida como una expresión primaria del ki.

A este nivel, no hace falta intentar preparar el ki mediante un método particular, porque basta con querer combatir; ya es el ki. En el kárate después de la guerra, la práctica del ki parece haberse limitado a este nivel, suscitar la combatividad reforzando el coraje y la excitación. Era la continuación del espíritu de guerra. Al dedicarse a entrenar a fondo, se adquiere una combatividad casi animal. Recordemos el caso del Maestro Kurosaki, que había adoptado el modelo de entrenamiento de su difunto Maestro Ohyama.
Es incluso más interesante y evocador cómo el Maestro Ohyama, partidario de la hazaña física, se acerca a la idea práctica del Maestro Sawai cuando declara que sin nutrirse del ki, la práctica del kárate es efímera. Es el encuentro de una vía empírica trabajada a fondo por el Maestro Ohyama con un método constituido, el del Maestro Sawai. No es por casualidad que los adeptos avanzados de Kyokushin-kai integran el método del taiki-ken en su entrenamiento.

En el taiki-ken se procura familiarizarse con la sensación del ki mediante un método construido; no se trata pues de un método empírico.

He aquí las principales etapas:
- abrir la sensibilidad a la sensación ordinaria del ki (kibun)
- alimentar el ki desarrollando el «kibun»
- aumentar la sensación del ki

Estos procesos te permiten formar la sensación de ki. Luego debes entrar en una etapa en la que haces combate dejándote guiar por la sensación del ki.


Impregnar el ki en la técnica


Para entrar en la etapa en la que haces combate dejándote guiar por la sensación de ki, tienes que construir técnicas basadas en el ki, es decir técnicas que transportan el ki.

Existen dificultades a este nivel también, porque se hacen inevitables ciertos replanteamientos de los movimientos técnicos. Me explico. Si tienes el cuerpo rígido no puedes dejarte dirigir eficazmente por la sensación de ki en los movimientos del combate, porque el ki es una energía móvil. ¿Cómo puedes hacer circular plenamente el ki, si tienes el cuerpo rígido y contraído, es decir, en estado de bloqueo energético?
En un cuerpo rígido, el ki se estanca y no puedes hacer uso de él en el combate. Si quieres construir un kárate nutrido de ki, debes mirar a ver si no tienes el cuerpo bloqueado, o, más exactamente, si no bloqueas el ki al contraer inútilmente los músculos.
En cualquier movimiento, existe contracción muscular; mejor dicho, podemos movernos porque sabemos contraer los músculos necesarios. Pero la calidad de un movimiento varía según la manera de dirigir la atención. En un arte marcial, el flujo del ki debe ser fluido y expansivo, no puede quedarse encerrado en la rigidez del cuerpo, lo que supone, de hecho, el estancamiento del ki.

Si nos fijamos, los karatekas a menudo confunden el despliegue de fuerza con una simple contracción muscular, incluso con una rigidez del cuerpo. Este acondicionamiento es tan fuerte que pueden sentir su fuerza sólo con ponerse rígidos. Con un golpe de tsuki, por ejemplo, cuando creen haber golpeado fuerte, a menudo es porque sienten que han gastado fuerza en los músculos. Esta forma de gastar la energía a menudo se traduce en una sensación de fuerza. En esta situación la fuerza del golpe queda encerrada en el cuerpo y no va en realidad más allá del puño. El resultado es un golpe apagado y poco penetrante, mientras que un golpe guiado por el despliegue del ki choca y penetra profundamente. Esta sensación es diferente de la que se suele llamar «kimé».

Escribo estas líneas a partir de mis propias experiencias. Yo mismo pasé por un largo período en el que confundía el bloqueo de la fuerza física con la concentración de fuerza.

Recordemos la reflexión del difunto Maestro Egami (cf. Historia del kárate-do):
«... Tuve que reconocer que el tsuki de los karatekas son los menos percutientes. Me pregunté con desconcierto: “¿Que es lo que he hecho hasta ahora?”».

Es sin duda una de las mayores dificultades en el camino de un karateka. Feliz aquel que tenga la suerte de practicar sin dar un gran rodeo. No basta con hacer el qi-gong o el ritsu-zen para construir su kárate con ki, hay que reconstruir los movimientos que permiten absorberlo y hacerlo circular. Este esfuerzo no es evidente.
Basta con recordar el ejemplo del Maestro Egami y preguntarse ¿por qué a su alto nivel con 30 años de experiencia, tuvo que cuestionar radicalmente la eficacia del tsuki? Tienes que descubrir dónde se produce una obstrucción energética en tu técnica. Si quieres cambiar, tienes que estar dispuesto a cuestionar la cosa más elemental: la sensación técnica que parecía evidente. Si no cuestionas, no podrás cambiar. Si no hay cambios, no habrá esa nueva sensación corporal del ki como guía de nuestras técnicas.

El período de cuestionar dura más o menos tiempo según la persona. Acordémonos del Maestro Egami. El Maestro Matsuda (desde principios de 1970 uno de los precursores del arte del combate chino en Japón) me dijo:
«A partir del kárate rígido que yo practicaba en aquella época, me costó 4 años reconstruir una nueva sensación del cuerpo.
Este período fue deprimente para mí porque ya no sentía ninguna eficacia en mis técnicas, mientras que antes me había sentído mucho más fuerte.
Era muy duro aceptar esta sensación de debilidad. Al cabo de 4 años, comprobé, con alegría, que había adquirido finalmente una fuerza de otra dimensión.»


Dejarse guiar por el ki


Con frecuencia los karatekas se imaginan que el entrenamiento consiste en practicar los golpes de puño y de pie o los kata. Si todo principiante empieza el kárate aprendiendo las técnicas de puño y de pie, esto no quiere decir que hay que seguir repitiéndolas de la misma manera 20 o 30 años después.

El Maestro Sawai dice:
«Aunque practiques con seriedad una técnica de puño y de pie durante años, nunca podrás doblar tu velocidad.». Según él, esta forma de entrenamiento alcanza rápidamente un techo y para elevar realmente el nivel, hay que adquirir el ki. A partir de un cierto nivel, puede ocurrir que cuanto más se entrene, más se retrocede; es porque el entrenamiento no responde a las necesidades de la etapa actual de la persona. Hay que seguir un método de entrenamiento que pueda llevarnos lejos. El trabajo de ritsu-zen y de otros ejercicios de taiki-ken pretende construir un cuerpo listo para saltar cuandoquiera, dondequiera. No deja el cuerpo rígido dentro de formas estáticas.

El Maestro Sawai dice:
«Tienes que entrenarte hasta un punto tal que puedas tener total confianza en tus manos.». Con largos años de entrenamiento en el ritsu-zen, si te has formado bien, basta con ponerte frente al adversario, ya que de alguna manera tus manos llenas de ki encontrarán la mejor solución. Las manos jugarán el doble papel de radar y de arma. Formar unas manos fiables hasta este punto, esto es el entrenamiento.
El Maestro Sawai cita la imagen de la trompa del elefante. Es flexible, sensible, tan sensible que es capaz de envolver y de levantar a su cría recién nacida, es capaz de detectar la dirección del viento y la de un olor. Es tan fuerte que puede arrancar un árbol, rechazar a sus enemigos de un golpe. Al formar tus manos, tienes que tener presente esta imagen, que es la opuesta a la de la solidez del hormigón, cuya dureza y rigidez no supone fuerza, sino fragilidad en la situación dinámica del combate.


Conclusión


No hay trucos que nos guien rápidamente hacia la maestría del ki en el arte marcial. No creo tampoco que nadie pueda proyectar o hacer despegar al adversario por la fuerza de ki sin tocarle. Asistí a esta forma de práctica en la que los alumnos eran proyectados lejos del maestro sin que éste les hubiera tocado. Pero yo ni fui tumbado ni proyectado; no creo pues en esta suerte de energía. Pero sí sentí algo energético emitido por el cuerpo de ese maestro en aquella ocasión. Había algo difícil de describir, pero esa energía estaba lejos de poder desplazarme. Sin embargo, en mi opinión, los demás alumnos, sensibles a esta forma de energía, aumentaban el efecto de esta sensación por una forma de sumisión al maestro, y despegaban de modo espectacular. Comprendí pues, que el ser humano es capaz de dejarse proyectar por una energía que no puede mover una hoja de papel siquiera, a causa y gracias a su energía psíquica.


Desde hace varios años, siento con nitidez las corrientes energéticas dentro y fuera de mi cuerpo. No es por casualidad, porque su distribución y movimiento en el cuerpo corresponden perfectamente a la enseñanza que he recibido. Compruebo así cómo, integrándome en esta sensación, puedo captar hasta cierto punto el movimiento del espíritu del adversario, y mi fuerza llega más lejos al dejarme dirigir por esta sensación.

Creo que es la sensación que habían descrito nuestros predecesores: lo esencial es indescriptible e intransmisible sin pasar por la práctica. Tengo la certeza que es la energía que debo continuar alimentando y desarrollando. Estoy comenzando el nuevo camino.

K. Tokitsu 1996

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